martes, 7 de noviembre de 2017

Only in sleep

Eriks Esenvalds es un compositor letón desconocido todavía en gran parte, pero que empieza a tomar una cierta importancia dentro del enorme y rico panorama coral. En el reciente Certamen Coral de Tolosa he tenido la oportunidad de acompañar a un coro francés de enorme calidad que cerraba sus conciertos con esta pieza aparentemente fácil pero de una dificultad enorme: es muy fácil pasarse con el azúcar en música, y esta pequeña canción se presta a ello; afortunadamente no fué el caso del coro que acompañé y que consiguió ponerme los pelos de punta cada vez que la cantaban, ya fuera en un concierto o abrazados en plena calle justo antes de ir a cenar. Traigo una interpretación del coro del Trinity College. Qué mejor que esta belleza para luchar contra tanto ruido como sufrimos últimamente!

El texto es de Sara Teasdale, y en ausencia de traducción lo dejo tal cual:

Only in sleep I see their faces, 
Children I played with when I was a child, 
Louise comes back with her brown hair braided, 
Annie with ringlets warm and wild.
Only in sleep Time is forgotten — 
What may have come to them, who can know? 
Yet we played last night as long ago, 
And the doll-house stood at the turn of the stair.
The years had not sharpened their smooth round faces, 
I met their eyes and found them mild — 
Do they, too, dream of me, I wonder, 

And for them am I too a child?




Y por si alguno se quedó con ganas, vaya otra joya que pude escuchar los días pasados en Tolosa: Stars, cantada aquí por el Coro del Estado de Letonia. El coro que lo cantó en Tolosa bajó del escenario y nos rodeó, provocando un efecto irrepetible con altavoces y demostrando una vez más que la emoción de la música en vivo es insustituible.



domingo, 17 de septiembre de 2017

Juan Goytisolo: in memoriam



Mal lector como soy, sin formación académica al respecto y caótico en mis gustos y en mis búsquedas literarias, a veces tengo que guiarme por la afinidad de algún amigo a quien he escuchado algún comentario sobre tal o cual escritor. Así me ocurrió en los años de bachillerato, años en los que yo no leía, pero en los que dos amigos, a los que llamaremos en este relato Primus y Teresa, tuvieron una discusión al respecto de Juan Goytisolo. Varios años después, desbravado ya mi gusto por la literatura y todavía con la citada discusión en la memoria, tuve la inmensa fortuna de que el primer libro que cayera en mis manos fuera Señas de identidad. Digo inmensa fortuna porque en más de una ocasión el propio autor ha recomendado al lector neófito, como era mi caso entonces, comenzar precisamente por el relato tremendo de la serranía de Yeste. 

Durante años he sido más lector del articulista Juan Goytisolo que del novelista. Sus relatos desde Argelia, Sarajevo o Chechenia me resultaron tan estremecedores como inabarcables sus novelas. Con el tiempo he aprendido, o eso creo, a adentrarme en sus nunca fáciles novelas y en lo que quería decir cuando afirmaba no buscar lectores, sino “relectores”. En esas andaba cuando me sorprendió en junio pasado la muerte de Goytisolo; tomé entonces una lectura siempre aplazada y a la que solo lamento no haber llegado antes: se trata de los relatos autobiográficos Coto vedado y En los reinos de taifa; relatos imprescindibles para conocer la parte humana del escritor, pero también para saber más de la exigencia literaria de quien nunca quiso venderse ni buscar el lado fácil de la fama. Rehuyó pasarelas a cambio de no renunciar a su libertad literaria.

Como si se tratara de una especie de limbo peterpanesco, a veces uno quiere creer que aquellos músicos o escritores, aquellos artistas vivos con cuya obra se siente en deuda, tienen una vida suficientemente holgada que les permite dedicar cuanto esfuerzo y tiempo necesitan para su creación. La realidad es a menudo muy terca al respecto, pero pocas veces tan cruda, tan dura, como la que refleja el artículo de F. Peregil publicado pocos días después de la muerte de Juan Goytisolo: relato descarnado y brutal de las dificultades inmensas en sus últimos años de vida. 

Escritor seguramente de pocos lectores, difícil es imaginar que venga ningún  heredero a intentar hacer fortuna con otra publicación de lo ya publicado: ahí está para el que quiera acercarse. Queda la obra inmensa de un escritor que rechazó el canon literario español, que luchó permanentemente por la búsqueda literaria y que merece un panteón en la literatura española.

“Como no te cansas de decir, la única moral del escritor, frente a la que no cabe recurso alguno, será devolver a la comunidad literario-lingüística a la que pertenece una escritura nueva y personal, distinta en todo caso de la que existía y recibió de ella en el momento de emprender su tarea: trabajar en lo ya hecho, seguir modelos aceptados es condenarse a la parvedad e insignificancia por mucho que el escritor consiga así el aplauso del público: la obra de quien no innova podría no existir sin que su desaparición afectara en nada al desenvolvimiento de su cultura.”
                En los reinos de taifa, Juan Goytisolo.



miércoles, 13 de septiembre de 2017

Aleluya



Oí que había un acorde secreto
que David tocaba y complacía al Señor,
¿pero a ti no te importa mucho la música, no?
Es así: la cuarta, la quinta
la menor disminuye, la mayor aumenta;
el rey perplejo componiendo el Aleluya.

Tu fe era poderosa pero necesitabas una prueba.
La viste bañándose en la azotea;
su belleza y el claro de luna te trastornaron.
Entonces ella te ató a una silla de la cocina,
destrozó tu trono y te cortó el pelo
y de tus labios arrancó el Aleluya.

Dices que tomé el Nombre en vano;
pero ni siquiera conozco el nombre.
Pero si lo hice, bueno ¿a ti qué te importa?
Hay un destello de luz en cada palabra;
da igual que oyeras
el sagrado o el roto Aleluya.

Hice lo que pude; no fue mucho.
No podía sentir, así que aprendí a tocar.
Dije la verdad, no vine para engañarte.
Pero aunque todo saliera mal,
estaré ante el Señor de la Canción
y en mi lengua no habrá más que Aleluya.

Nena, he estado aquí antes.
Conozco esta habitación, he andado este suelo.
Antes de conocerte vivía solo.
Ahora he visto tu bandera en el arco de mármol,
pero el amor no es una marcha triunfal,
sino un frío y roto Aleluya.

Hubo un tiempo en que me decías
todo lo que pasaba en tu interior,
pero ahora nunca me lo cuentas ¿no?
Recuerdo cuando entré en ti,
y el espíritu santo también entró,
y cada vez que respirábamos era Aleluya.

Quizá haya un dios allí arriba
pero lo único que he aprendido del amor
es a disparar a quien desenfunda más rápido.
Pero no es un grito lo que oyes esta noche,
no es la risa de alguien que haya visto la luz
sino un frío y solitario Aleluya.


traducción de Alberto Manzano. Visor Libros.

lunes, 5 de junio de 2017

Rafael Chirbes: En la orilla



 Perdidos los mejores años para la iniciación a la lectura y a falta de una formación más académica, uno a veces tiene que guiarse en la intuición y en los consejos de otras personas para iniciarse en autores desconocidos o en aventuras literarias carentes de referencias. La experiencia me ha hecho huir de lo que es un éxito inmediato, aunque a veces haya tenido que pagar el precio de llegar a un determinado autor más tarde de la cuenta, precio insignificante puesto que lo importante a veces no es ser el primero en descubrir algo, sino hacerlo en el momento adecuado.

 Escribo todo esto a propósito de Rafael Chirbes, un autor que para mí era absolutamente desconocido y del que empecé a oír hablar a partir del éxito de una serie de televisión basada en su novela Crematorio. Mala referencia dentro de mi decálogo particular, si es que tal cosa existe, la lectura de Crematorio y de otras novelas de Rafael Chirbes fue puesta, para mi desgracia, en cuarentena, dentro de mi supuesta lista de lecturas aplazadas. Así ocurrió hasta que me crucé, es un decir, un día con una crítica que Juan Goytisolo hacía precisamente de Crematorio, y en la que ponía muchas esperanzas en la entonces todavía reciente En la orilla. Que Goytisolo es una de mis referencias literarias no es un secreto para los (pocos) visitantes habituales de este blog, así pues me animé con la lectura de En la orilla, que esperaba en algún rincón de los libros pendientes de “sentencia”. Libro difícil, que no admite una lectura a ratos, es sin duda una descripción descarnada y dura de los efectos que ha provocado la tan desgraciada burbuja inmobiliaria.

 Si traigo ahora este libro no es por actualidad, desde luego, pero en una de esas jugadas azarosas que ocurren en el casi siempre dichoso facebook, un amigo (de los de verdad, gracias Juan) había compartido un discurso que Chirbes había preparado para cuando recogiera el Premio Nacional de Literatura que le fue otorgado por En la orilla precisamente. El lector puede encontrar aquí este discurso, imprescindible ejemplo de rectitud moral y ética, que habría que reivindicar como el ejemplo a seguir en estos tiempos donde la servidumbre es el modus operandi del que busca el éxito sin esfuerzo. Sirvan estas modestas líneas como agradecimiento póstumo a Rafael Chirbes por su literatura y por su integridad ética y política.

En este primer vídeo Rafael Chirbes habla de En la orilla para un programa de RTVE.

 

En esta otra entrevista para una emisora holandesa, Chirbes se explaya sobre la misma novela, la actualidad española y sin morderse la lengua. Imprescindible.


domingo, 26 de marzo de 2017

Divas y no tan divas





Divas y no tan divas, así hemos querido titular este nuevo Acantilado. Si queréis saber por qué tenéis que escucharlo, no queda otra. Espero que os guste y podáis disfrutarlo tanto como yo cuando lo he preparado.


Aviso que está hecho de nuevo con medios caseros, si tenéis la paciencia de escucharlo espero críticas del contenido y de la técnica, es la única manera de ir mejorando. 









viernes, 24 de marzo de 2017

Vestida de nit

Me acabo de topar con esto en el Facebook (si, yo también he caído en eso, buscad El Acantilado en Facebook y soy yo), y no me he podido resistir a ponerlo aquí.

La culpa la tiene Mendigo, que fue el primero que me acunó con la voz de esta auténtica dama.